miércoles, 24 de abril de 2013

Cazadores de luz

Desde hacía un tiempo andaba en la búsqueda de un curso sobre fotografía. La oferta es enorme por Internet y bastante amplia de manera presencial. El curso que soñaba no era para retratar caras, objetos, cuerpos, composiciones artísticas y mucho menos fiestas familiares. No, el curso que soñaba era para fotografiar vida silvestre y si tenía más suerte aún, pájaros.
 
Qué sorpresa me llevé cuando recibí un correo que ofertaba un curso de fotografía de aves. Era justo lo que había soñado y era ofrecido por un muy buen fotógrafo que comparte varias de sus mejores tomas en la Internet. Se trataba del fotógrafo y pajarero Daniel Uribe. El curso sería en la ciudad de Manizales, famosa por ser un centro internacional para los amantes de las aves.
 
Una vez alistado todo, me desplacé a la ciudad de Manizales por avión. El presagio era bueno pues el clima fue benevolente con mi sueño y el avión pudo salir de Bogotá y aterrizar en Manizales sin contratiempos. Desde el primer día quedé enamorado del sitio. Me hospedé en un hotel sencillo y muy bonito que queda sobre la antigua carretera al Parque Natural Los Nevados. La atención de la familia que me atendió en el Ecohotel Camino del Ruiz fue excelente y lo recomiendo ampliamente como plan familiar o para el avistamiento de aves en la región.
 
El primer día del curso salí por la madrugada a dar una vuelta alrededor del jardín del hotel para ver y fotografiar las aves del lugar. ¡Qué maravilla de aves encontré! En solo hora y media disfruté de picaflores, golondrinas, carpinteros, colibrís, semilleros y reinitas.

Diglossa albilatera
Diglossa albilatera @Ecohotel Camino del Ruíz
El curso arrancó como estaba planeado en el Auditorio de los Termales Tierra Viva a las ocho en punto de la mañana. Luego de presentarnos y expresar nuestras expectativas, compartimos nuestros equipos con todos los compañeros y discutimos sobre equipos y accesorios para la fotografía de aves. Entre lentes, cuerpos y trípodes Daniel arrancó con sus enseñanzas y consejos claves: “el trípode es el mejor amigo del fotógrafo”, “no dañes la óptica de tu lente con un filtro protector de 30 dólares” y “protege tu lente con su parasol”, fueron tres de los ejemplos que más resonaron en el auditorio del hotel.
 
Una vez superada la etapa de teoría de fotografía básica y el almuerzo, nos dirigimos al Recinto del Pensamiento a nuestra primera sesión práctica. Uno de los lugares de este parque está dedicado a las aves. Es una hermosa casa en un alto rodeada de árboles, plantas, flores de varios colores y algunos bebederos que atraen decenas de colibrís. Me esforcé para lograr buenas fotos sin éxito alguno. Entre la teoría que rondaba mi cabeza, la dificultad para modificar parámetros de la cámara y el uso de un trípode prestado, fui incapaz de realizar buenas fotos merecedoras de ser compartidas en la red. Creo que había salido de la zona de comodidad en que me encontraba y estaba aprendiendo nuevas cosas que sin duda mejorarían la calidad final de mis fotos. Me sentí un poco frustrado.

Colibri
Boissonneaua flavescens @Recinto del Pensamiento
De vuelta al aula de clase, avanzamos en la teoría y al final descargamos las fotos tomadas durante el primer día en la sesión práctica. Mis compañeros tomaron varias fotos muy bonitas mientras que yo a duras penas logré un par de baja calidad.
 
Para el segundo día el profesor nos hizo una propuesta sobre la sesión práctica. Nos ofreció elegir entre hacer la práctica en los bosques cercanos al hotel o subir al páramo camino del Parque Natural Los Nevados. La decisión fue casi unánime: subir al páramo. La única condición era madrugar un poco y empezar a subir a las seis de la mañana, algo que estuvimos de acuerdo en cumplir los doce participantes del taller.
 
A las seis y cuarto de la mañana estuvimos listos para subir al páramo. Arrancamos nuestro camino entre curvas, camiones, neblina y la expectativa de si encontraríamos un clima apropiado o nos encontraríamos con uno adverso. Tomamos la carretera que conduce a Bogotá y nos desviamos por la que conduce al Parque. Por esta carretera mucho menos transitada, avanzamos un par de kilómetros hasta que vimos que nuestro guía y profesor se detuvo en una casa de campo rodeada de árboles y flores propios del bosque alto andino. Nos imaginamos que ese era el lugar para desayunar a lo que Daniel respondió con un tajante “no”. En este sitio nos aclimataríamos un poco antes de emprender la última subida y llegar al páramo.
 
Entre Pinches, Cucaracheros de Páramo, Semilleros, Gorriones y dos temblores del Volcán Nevado del Ruiz, realizamos nuestra segunda práctica de campo. Sí, mientras estábamos en la segunda práctica de campo vivimos el temblor del volcán a pocos kilómetros de éste. Fueron dos eventos sísmicos de 3.8 y 4.0 de magnitud, asociados al desprendimiento de roca dentro del volcán.
Cistothorus apolinari 3
Cistothorus platensis @PNN Los Nevados
Sentimos un fuerte crujir y movimiento en nuestros pies. No nos asaltó el pánico pues nos favoreció estar por fuera de alguna estructura o edificación hecha por el hombre. Seguimos nuestra sesión práctica sin tener certeza de qué había ocurrido.
 
Llegamos a desayunar a un paraje a 4.000 metros sobre el nivel del mar. La señora que nos atendió estaba un poco consternada por los temblores y nos dijo que nunca había sentido un movimiento tan fuerte en sus veinte años de vivir en la zona. Esa noticia nos sorprendió un poco pero no había razón para no continuar nuestro recorrido, así que decidimos continuar el mismo.
 
Pasado el susto y con la barriga llena, Daniel nos contó una anécdota muy bonita cuya moraleja es que los fotógrafos son cazadores de luz y que por ende debíamos buscar la mejor luz del páramo para de esta forma lograr buenas fotografías.
 
Buscamos alejarnos de la espesa bruma que rodeaba el paraje en donde desayunamos y fue así como llegamos a la entrada del Parque Natural Los Nevados. Allí nos divertimos buscando y tratando de fotografiar Colibrís, Canasteros, Semilleros y Tororois. La habilidad de Daniel para ubicar a las aves nos ayudó estar cerca de ellas y así mejorar las fotos que vinimos a buscar con las nuevas técnicas aprendidas.

Grallaria quitensis
Grallaria quitensis @PNN Los Nevados
Bajamos del páramo y finalizamos el curso con una última sesión práctica y compartiendo las mejores fotos que habíamos tomado los participantes. Logramos varias fotos muy bonitas que cada uno compartió al grupo entre risas y anécdotas vividas durante el fin de semana. Sin lugar a dudas fue un curso muy fructífero para todos y que vale la pena recomendar a otros interesados en este bonito pasatiempo de ver y fotografiar aves. Sueño cumplido.

Álbum completo de fotos en Flickr

sábado, 6 de abril de 2013

Censo Navideño en Mundo Nuevo

Aún no había llegado el vendedor de tintos y panes que siempre inicia nuestras pajareadas en la calle 72 con carrera séptima. Nos acompaña con su tinto dulce y sus bizcochos de la noche anterior que son siempre bien recibidos cuando la espera se prolonga más de lo deseado. Esta vez el trasnochado es él, y como consecuencia, una fila de taxis empieza a irse a la competencia de la próxima avenida.
 
Sin el acostumbrado tinto recorrimos los cuarenta y seis kilómetros que separan nuestro punto de encuentro y la vereda Mundo Nuevo. Era una madrugada con una luna llena enorme que nos ayudaba a encontrar la carretera que a veces se escondía entre árboles y curvas. Entretanto, recordábamos nuestras aventuras pasadas queriendo repetir varias de las aves que ya habíamos visto en ocasiones previas.
 
Entre las cabeceadas de Adriana y los bostezos de Sergio, este último nos venía contando que los guías locales de Mundo Nuevo le habían dicho de un ave que se veía antes del amanecer cerca de la quebrada con una cola muy larga. La descripción llevaba a concluir a Sergio que podría tratarse del Guardacaminos Lira (Uropsalis lyra) pero que él nunca lo había visto en sus innumerables salidas al campo en esta vereda del municipio de La Calera.
 
Dejamos el carro en la puerta de la casa de doña Carmen y alistamos nuestras botas, binoculares, cámaras, comida y listas para el conteo. Caminando al sitio anotamos las medidas básicas de altitud y coordenadas geográficas para poder entregar el reporte completo a la entidad encargada de los conteos.
 
Mientras yo miraba el celular para así anotar las coordenadas geográficas de mi propio registro, siento varias voces gritando en voz baja “el uropsalis, el uropsalis”, levanto mi cabeza y veo a mis dos compañeros apuntando con sus binoculares por encima del horizonte y a un costado de la luna que aún no había decidido ocultarse. Llegué tarde a la cita entre el caprimúlgido y mis binoculares. Que frustración sentí. No es fácil ver individuos de esta familia y esta vez no lo pude observar.
 
Paisaje a
Paisaje antes del amanecer.
Aún no había amanecido pero no estaba oscuro. Decidimos aminorar el paso para darle tiempo al sol de que hiciera su trabajo y esperar que las aves salieran en búsqueda de su primera comida del día. El arranque no pudo ser mejor y vimos una Pava Andina (Penelope montagnii) un poco despeinada, acompañada por un par más en un árbol al otro lado de la quebrada. Varias fotos para el registro y continuamos cuesta arriba.
 
En el ascenso hasta la chucua que marca la mitad del recorrido, vimos algunos colibríes y reinitas, varias tangaras, bastantes tiránidos y tráupides y uno que otro furnárido buscando su comida entre la hojarasca. 
 
Entre tantos sitios hermosos que hay en este lugar, siempre nos gusta llegar a una laguna pequeña que se encuentra en la parte más alta del recorrido. Nuestra esperanza es lograr ver una gran cantidad de aves acuáticas en este pequeño ecosistema. Esta vez solo pudimos ver al Pato Andino (Anas andium) y al Andarríos Mayor (Tringa Melanoleuca) en la laguna y, como un vigilante blanco y elegante, vimos una Garza Real (Ardea alba) a un costado del estanque.


A Andimun T Melanoleuca
Anas Andium y Tringa Melanoleuca
Ya en la parte media del recorrido, decidimos descansar un rato y probar la comida que habíamos traído para compartir entre todos. Sándwich, pandebonos y chicharrones fueron los encargados de darnos energía para reponernos y poder caminar los seis kilómetros de vuelta que tiene la ruta elegida.
 
Nuestros paraguas, que tanta falta nos hacen en estos bosques de niebla cuando llueve y no los traemos, esta vez fueron utilizados como sombrillas calentanas y así cubrirnos del inclemente sol hizo durante el recorrido por los pastizales de la parte alta.
 
Recién entrados en la boca del bosque, Adriana se adelantó varios cientos de metros y la perdimos de vista. Aceleramos el paso para alcanzarla mientras veíamos tangaras y atrapamoscas a uno y otro lado del camino. Cuando el grupo se reunió de nuevo, presenciamos un evento maravilloso de la naturaleza propio para un capítulo de televisión de un programa de vida salvaje.
 
Una hembra y un macho de Trogón Enmascarado (Trogon personatus) parecían estar muy excitados en un cortejo, cada uno con una oruga en su pico. Los oímos vocalizar y moverse de una rama a otra hasta que el macho se nos perdió entre las ramas y sombras del bosque. De repente vimos volar una bolita café desde un costado del camino al otro. Nos pasó justo encima de la cabeza con su volar torpe y parsimonioso. Rápidamente enfocamos nuestros prismáticos hacia él para ver de qué se trataba. Inconfundiblemente, la bolita café que estábamos viendo era un juvenil de Trogón Enmascarado con su pico amarillo y corto, la máscara en sus ojos  y la cercanía a una hembra adulta de la misma especie.
 
¡Que sorpresa tan maravillosa!


Cría y mamá T personatus
Madre y cría de Trogón Enmascarado (Trogón personatus).
Pero, ¿de qué se trataba?, ¿por qué estaba tan asustado el polluelo?, ¿por qué la hembra adulta tenía una oruga en su pico sin tragarla?
 
Empezamos a conjeturar alrededor del comportamiento que veíamos. Mis aportes eran pocos. Mis dos compañeros más avezados en el tema proponían teorías basadas en sus lecturas y experiencias en campo. No somos expertos en el comportamiento del T. personatus en el bosque de niebla del flanco oriental de la cordillera oriental de Colombia, para eso se requiere haber hecho una tesis con el mismo nombre y haberla presentado en una prestigiosa universidad. Pero no, no sabíamos de qué se trataba. La única explicación que se nos ocurrió fue que los papás Trogón estuvieran motivando a su hijo a volar. Al parecer no es un comportamiento raro en las aves. Recientemente había visto como los cóndores andinos empujaban al vacío a sus crías reiteradamente hasta que alzaran su  majestuoso vuelo. Tenía sentido nuestra teoría pero tocaba validarla con la literatura o personas que conocieran más a fondo el comportamiento de los trogones.
 
Seguimos descendiendo por el sendero avistando pocos individuos de especies ya vistas. De repente me pregunta Sergio si ya había ido a la cascada. Le respondí que no, que no sabía siquiera que había una en este bosque. Me convidó y nos internamos como cien metros más dentro del bosque y allí estaba. Una hermosa cascada de algunas decenas de metros en una caída muy vertical.
 
Mientras veíamos la caída de agua, vimos un pajarito blanco y negro revoloteando y caminando en la pared de la cascada. Era un Mirlo Acuático (Cinclus leucocephalus) y estaba bastante concentrado en su tarea de buscar comida entre las piedras y rendijas de la cascada. No se asustó. Estuvo más de quince minutos en frente a nosotros saltando, realizando vuelos cortos de un punto al otro y abriendo sus pequeñas alas hacia arriba en todo momento.

Cinclus leucocephalus 4
Cinclus leucocephalus

Terminamos nuestra aventura cansados pero muy contentos. Muy contentos de haber visto tantas cosas maravillosas en un lugar tan mágico. Esta vez no vi ninguna especie nueva para mi listado personal, pero sí pude observar comportamientos que nunca había visto y que me invitan a reflexionar si esta afición se trata solo de chequear especies nuevas en un listado o más bien de disfrutarlas en su entorno natural.
 
*Publicado en la revista "El Clarinero" de la Asociación Bogotá de Ornitología en la edición de febrero de 2013.
 
 
Especies registradas (30 de diciembre de 2012)
Anas andium
Penelope montagnii
Ardea alba
Coragyps atratus
Cathartes aura
Geranoaetus melanoleucus
Falco sparverius
Rallus semiplumbeus
Tringa melanoleuca
Patagioenas fasciata
Systellura longirostris
Uropsalis lyra
Streptoprocne zonaris
Colibri thalasinus
Heliangelus amethysticollis
Metallura tyrianthina
Eriocnemis cupreoventris
Chaetocercus mulsant
Trogon personatus
Andigena nigrirostris
Picoides fumigatus
Margarornis squamiger
Tripadectes holostictus
Xiphocolaptes promeropirhynchus
Grallaria ruficapilla
Grallaria rufula
Scytalopus griseicollis
Phyllomyias nigrocapillus
Elaenia frantzii
Mecocerculus stictopterus
Mecocerculus leucophrys
Contopus fumigatus
Serpophaga cinerea
Ochthoeca cinnamomeiventris
Ochthoeca rufipectoralis
Tyrannus melancholicus
Pipreola riefferii
Ampelion rubrocristatus
Cyanolyca armillata
Troglodytes aedon
Henicorhina leucophrys
Cinclus leucocephalus
Turdus fuscater
Hemispingus atropileus
Hemispingus superciliaris
Hemispingus melanotis
Thraupis cyanocephala
Tangara nigroviridis
Buthraupis montana
Anisognathus igniventris
Dubusia taeniata
Tangara vassori
Conirostrum sitticolor
Diglossa albilatera
Diglossa caerulescens
Diglossa cyanea
Zonotrichia capensis
Arremon assimilis
Atlapetes schistaceus
Myioborus ornatus
Basileuterus nigrocristatus
Dendroica fusca
Cacicus chrysonotus
Icterus chrysater
Sturnella magna

lunes, 7 de enero de 2013

Chicaque: año nuevo, especies nuevas.

Un par de días atrás fui contactado por mi amigo Daniel a través de la Internet. El propósito, invitarme a pajarear al Parque Natural Chicaque con un grupo de aficionados que visitarían el parque para observar las aves del ecosistema. De inmediato acepté la propuesta y empezamos a detallar los pormenores de la visita, con tan mala fortuna que tuvimos que dividir el grupo en dos debido al número de participantes.
 
Arrancamos un poco tarde de lo usual. Hacia las siete de la mañana estaba principiando nuestra visita con la esperanza que la llegada tarde no nos aguara la fiesta con las más de trescientas especies de aves que viven o visitan el parque. El parque queda a 11 kilómetros de la salida de Bogotá por la Autopista Sur. La llegada es muy sencilla: 9 kilómetros por carretera pavimentada en excelente estado y 2 kilómetros por carretera destapada en buenas condiciones.
 
En los primeros descensos de nuestro recorrido, nos encontramos con varios individuos de especies comunes como el Atrapamoscas Acanelado (Pyrrhomyias cinnamomea), el Montero Ojiblanco (Chlorospingus  flavopectus) y el Heliángelus Belicoso (Heliangelus exortis). Vale la pena resaltar la gran cantidad de Reinitas del Canadá (Wilsonia canadensis) y mi primer avistamiento de la Paloma-perdiz Roja (Geotrygon montana).


Wilsonia canadensis
Wilsonia canadiensis
Mientras afinábamos detalles antes de la pajareada, estábamos inquietos sobre si el sábado era un buen día para pajarear en Chicaque. Es bien sabido que el sitio es muy visitado por caminantes, acampadores y turistas en general.

Hacia las nueve de la mañana empezamos a encontrarnos visitantes descendiendo por los caminos del parque pero, al contrario de lo que pensábamos, dichas personas en vez de espantarnos las aves nos dieron suerte para ver una bandada enorme (quizá la más grande que he presenciado a la fecha).
 
La bandada que vimos hacia las nueve de la mañana, tenía por lo menos 70 individuos entre atrapamoscas, trepatroncos, arañeros y reinitias. No alcanzábamos a enfocar e identificar un individuo, cuando ya aparecía otro en el cuadro y robaba nuestra atención. Sin duda alguna, un espectáculo para ver y recordar toda la vida.
 
Seguimos descendiendo y seguían apareciendo más y más aves. Las bajadas empinadas nos hacían perder altura con cada paso que dábamos. A medida que descendíamos veíamos ya otros tipos de aves de climas menos fríos del que iniciamos. Aparecieron las tángaras con sus maravillosos colores y rápidos movimientos para aumentar nuestra lista del día. Vimos Tangara nigroviridis, T. parzudakii, T. cyanocephala entre otras Thraupidae.


Tangara parzudakii 2
Tangara parzudakii
A este momento de nuestra aventura, ya nuestro amigo Daniel estaba maravillado e impactado de ver tantas especies de aves en un recorrido tan corto. Él, acostumbrado a paisajes más abiertos en los humedales de la capital, estaba disfrutando tanto como yo de este ecosistema tan propicio para las aves, como lo es el bosque de niebla.
 
Justo antes de llegar al Refugio (sitio para acampar y comer dentro del Parque), tuvimos la fortuna de encontrarnos con un par de búhos que pasaban su día refugiados del sol en un árbol a la orilla del camino.
 
Pasamos allí cerca de treinta minutos tratando de verlos bien y lograr identificarlos. Los búhos estaban juntos y bien acurrucados, lo que dificultaba su identificación. Luego de buscar mejores ángulos y rogar que se desperezaran para poder ver sus rasgos más distintivos, logramos identificarlos como una pareja de Currucutú Gorgiblanco (Megascops albogularis). Lamentablemente, no fue posible encontrar un ángulo lo suficientemente bueno como para una foto digna de compartir.
 
Pasamos por el Refugio camino al robledal con el anhelo de encontrar más especies diferentes. Queríamos ver al Tucancito Esmeralda y al Cuco Ardilla para cerrar nuestra ida con broche de oro. A pesar de que nos los pudimos ver, el bosque nos premió con una pareja de Carpintero de los Robles (Melanerpes formicivorus) y un Colibrí Chupasavia (Boissonneaua flavescens), este último otra especie nueva para mí.
 
El camino de regreso estuvo marcado por el encuentro con el otro grupo de amigos (guiados por Pablo Casallas) y una subida empinada que deja sin aire al más preparado alpinista.
 
Luego de compartir los avistamientos más relevantes con nuestros amigos del otro grupo, les recomendamos vieran los búhos que tanto nos costó identificar para ver si podían tomarle una buena foto que sirviera como evidencia del registro.
 
A pesar de la fuerte subida, pudimos ver al Cuco Ardilla (Piaya cayana) que tanto habíamos estado buscando durante todo el recorrido y al Colibrí de Pompones (Eriocnemis vestita) gracias a un enamorado que le advertía a su novia sobre la presencia de un chupaflor al costado del camino. Dos nuevas especies más para la lista de cerca de 60 especies que llevamos a la hora.


Piaya cayana
Piaya cayana
Ya para terminar la visita, decidimos ir a los comederos de colibrí ubicados en el restaurante a la entrada del parque. Son tres comederos en donde llegan alrededor de nueve especies diferentes de colibríes. Para nuestra fortuna pudimos ver el Inca Dorado (Coeligena bonapartei) que tantos visitantes atrae al parque.
 
Durante todo el recorrido agregué más de diez especies nuevas en mi lista personal. Sin duda alguna un excelente destino para ver aves y un buen presagio para este año que comienza.

Ir a la galería en Flickr.

Listado de aves registradas durante la pajareada

Penelope montagnii
Bubulcus ibis
Coragyps atratus
Geranoaetus melanoleucus
Geotrygon montana
Piaya cayana
Megascops albogularis
Streptoprocne rutila
Streptoprocne zonaris
Colibri thalassinus
Colibri coruscans
Adelomyia melanogenys
Boissonneaua flavescens
Lafresnaya lafresnayi
Coeligena torquata
Coeligena bonapartei
Heliangelus exortis
Eriocnemis vestitus
Ocreatus underwoodii
Metallura tyrianthina
Aglaiocercus kingi
Melanerpes formicivorus
Margarornis squamiger
Anabacerthia striaticollis
Xenops rutilans
Xiphocolaptes promeropirhynchus
Lepidocolaptes lacrymiger
Grallaria ruficapilla (registro auditivo)
Scytalopus latrans (registro auditivo)
Scytalopus griseicollis
Mecocerculus stictopterus
Leptopogon rufipectus
Myiophobus flavicans
Pyrrhomyias cinnamomea
Troglodytes aedon
Henicorhina leucophrys
Catharus ustulatus
Turdus fuscater
Hemispingus atropileus
Hemispingus superciliaris
Hemispingus frontalis
Hemispingus verticalis
Thraupis cyanocephala
Tangara parzudakii
Tangara labradorides
Tangara cyanicollis
Tangara nigroviridis
Tangara vassorii
Diglossa albilatera
Diglossa cyanea
Chlorospingus ophthalmicus
Zonotrichia capensis (registro auditivo)
Atlapetes albofrenatus
Atlapetes pallidinucha
Dendroica fusca
Mniotilta varia
Wilsonia canadensis
Myioborus miniatus
Basileuterus nigrocristatus
Basileuterus coronatus
Basileuterus tristriatus

lunes, 24 de diciembre de 2012

Pajareando bajo la lluvia

Decidimos encontrarnos con Alejandro a las 4.30 para pajarear en la vereda Roble Hueco del municipio de Tena (Cundinamarca). El sitio ya lo conocía de una visita anterior con Sergio. Es una pajareada que empieza en un bosque de niebla y termina en la estructura especializada para el avistamiento de aves de la ABO, vecina de un borde de bosque con muchos árboles de pequeños frutos y otros enormes de eucalipto.

Los árboles quedan en una ladera cuesta abajo, lo que permite ver sus copas desde un lugar casi a nivel y así disfrutar de los pequeños y asiduos visitantes con un menor esfuerzo en nuestros cuellos y espaldas.

Llegar al sitio es muy sencillo: saliendo por la calle 13 con rumbo al occidente, se toma la vía al municipio de La Mesa hasta llegar a una zona de restaurantes que queda justo 28 kilómetros después de la glorieta que da inicio a esta vía. Los restaurantes que sobresalen son Juan José me Importa un Chorizo y Don Otavio. La amabilidad de la gente permite estacionar los vehículos en cualquiera de estos sitios, siempre y cuando al regresar se remate la pajareada con una deliciosa bandeja paisa o el plato típico de su preferencia.

Una vez estacionados los carros allí, se descienden cerca de 200 metros por la carretera hasta llegar a la quebrada que surte de agua a las veredas cuesta abajo y que nos acompañará durante todo el recorrido hasta la estructura de la ABO.

Empezamos a pajarear antes de que el sol despuntara. Nuestras cámaras no tenían suficiente luz para poder captar esos momentos inolvidables que veníamos a buscar en la víspera de la navidad y compartirlas con nuestros amigos: porque de eso se trata la navidad, de compartir.

Paisaje 5
Bosque de niebla
Subiendo por el bosque de niebla vimos muy pocas aves. Se escuchaban algunas de fondo, sobresaliendo el Cucarachero pechigrís (Henicorhina leucophrys) que nunca pudimos ver y mucho menos fotografiar. Algunas bandadas mixtas (o quizás la misma) nos acompañaron durante el ascenso. La gran altura de los árboles nos dificultaba la observación de los individuos que conformaban aquel grupo que nunca pudimos ver con detalle.

A propósito de árboles enormes, un hecho muy curioso es que al parecer el sendero no está siendo muy transitado por campesinos de la zona y visitantes en general. La gran cantidad de plantas y árboles caídos que se tragaban el camino, creaban una atmósfera de bosque virgen e inexplorado que nunca había sentido antes.

Llegamos a la estructura en medio de una lluvia suave pero persistente. Decidimos escampar en unos árboles tupidos para mitigar el efecto del agua en nosotros. Casi al tiempo en que cesó la lluvia, aparecieron las primeras tangaras en un grupo numeroso. Se trataban de las especies T. vasorii y T. nigroviridis.

Tangara nigroviridis 2
Tangara nigroviridis
Decidimos continuar y explorar los alrededores de la estructura. Antes de que empezara a nublarse de nuevo, nos pareció ver un ave de tamaño mediano en frente de nosotros. La niebla que se apoderaba del paisaje no nos dejó confirmar el individuo. Sospechamos de un tucán pero no quisimos hacernos falsas esperanzas. La niebla se apoderó del lugar.

Mientras pasaba aquella bruma espesa decidimos esperar en la estructura de la ABO. Mi compañero decidió sacar su libreta de bosquejos y dibujar el bosque que nos rodeaba. Yo decidí acostarme sobre la estructura y descansar un rato para recuperarme de las consecuencias del insomnio de la noche anterior.

Esperando que aclarara tomé algunas fotos del bosque de niebla circundante. En eso, veo a Alejandro agitado y llamándome para que viera algo en el árbol gigante que está en frente de la estructura. Maravillados con el espectáculo que veíamos, alistamos nuestras cámaras y empezamos a fotografiar al Tucancito esmeralda (Aulacorhynchus prasinus) que con gracia, disfrutaba de los pequeños frutos del árbol. No era la primera vez que lo veíamos, pero siempre es un gran placer volverlo a ver, detallar su imagen y lograr una mejor foto cada vez.


Aulacorhynchus prasinus 2
Aulacorhynchus prasinus
Rogábamos para que la naturaleza nos permitiera disfrutar de otros individuos de igual belleza al tucán. Soñábamos ver la tangara que se anunciaba como un comercial en el cartel de la ABO. La Tangara parzudakii no se dejó ver esta vez, pero seguro que volveríamos a Roble Hueco a buscarla y tomarle buenas fotos para compartir en momentos especiales como esta navidad.

Nos devolvimos los tres kilómetros en un descenso pasado por agua. No pudimos disfrutar de más aves ya que la lluvia se atravesó como el telón que separa al espectador de los actores en una obra de teatro. Es claro que la lluvia es importante para este ecosistema, por lo tanto no la culpamos de los pocos avistamientos del día y más bien le agradecemos por dejarnos ver lo que vimos.

Ir a la galería de fotos en Flickr

domingo, 18 de noviembre de 2012

Sabana de Bogotá, ¡qué sueño!

Me levanté muy temprano y me alisté para salir a pajarear. Aún no había amanecido, el frío era más penetrante que de costumbre y había una espesa neblina rara en esta época del año.
 
Recogí a mis compañeros de aventura y salimos en sentido opuesto al de los cerros que protegen a Bogotá. Llegamos muy rápido al sitio, ya que éste no se encontraba tan lejos del punto en donde la noche anterior habíamos planeado reunirnos. La neblina apenas empieza a irse cuando nos dimos cuenta que se trataba de un gran humedal. En realidad parecían varios humedales interconectados por ríos y por las crecientes en época de lluvia. El sitio luce mágico.
 
Con los primeros rayos de sol, empezamos a ver las bellezas de la naturaleza: en unos juncos al inicio de la pajareada vimos varias Monjitas bogotanas (Chrysomus icterocephalus) machos y hembras, el escaso Cucarachero de pantano (Cistothorus apolinari) y algunas tinguas a lo lejos.
 
Seguimos caminando por el sendero y la abundancia del sonido de los Cucaracheros de pantano me pareció muy extraña. Sentía habían cientos de estos cucaracheros en el sitio. Me alegré por esta situación y a la vez me pareció curiosa la gran cantidad de individuos en un sitio tan cerca a la gran ciudad.
 
Llegamos a un espejo de agua rodeado por más juncales y plantas de orilla de río. A lo lejos había un bosque muy conservado que resolvimos visitar hacia el final del recorrido. En el espejo de agua y cerca a las plantas de la orilla vimos muchas tinguas: la verde (Gallinula melanops), la de pico rojo (Gallinula galeata), la azul (Porphyrio martinica) y la bogotana (Rallus semiplumbeus). Una vez más me agradó la sorpresa de ver muchas Tinguas bogotanas ya que nunca las había visto en esa cantidad y tan cerca de Bogotá. Algo raro estaba pasando.
 
Decidimos usar la mira telescópica que trajimos para ver un grupo de patos que nadaban tranquilos lejos de la orilla en que nos encontrábamos. Vimos algunos Patos barraquetes (Anas discors) y otros Patos rufos (Oxyura jamaicensis). Un poco más hacia la derecha estaban unos Zambullidores piquipintos (Podilymbus podiceps) en compañía de varios zambullidores de ojos muy rojos, de cuerpo más blanco que el de los piquipintos y con la cara café claro. A mis compañeros les parecía normal esta especie por lo que saqué rápidamente mis guías para no parecer despistado. En la primera guía que saqué no aparecía ilustración alguna de un zambullidor con estas características, mientras que en otras aparecía un zambullidor endémico llamado Podiceps andinus.
 
No sabía qué estaba pasando. Este zambullidor desapareció de los registros de los ornitólogos desde los años setenta y se cree extinto. Sin embargo, disfrutaba verlo allí nadando libremente y entrando esporádicamente al agua para buscar su alimento.
 
Seguimos nuestro camino y llegamos a un bosque pequeño pero en muy buenas condiciones. En este punto, ya el recorrido se me hacía muy extraño y trataba de pensar en dónde estábamos sin éxito alguno. Decidí tranquilizarme y seguir disfrutando de tan extraña pajareada.
 
Algunos metros dentro del bosque vimos varios clarineros (Anisognathus igniventris), decenas de colibríes y algunas reinitas migratorias. Se escuchaba en la profundidad del bosque diferentes sonidos de chamiceros, gralarias y tapaculos. Nos detuvimos frente a un árbol florecido y de repente vimos llegar un colibrí muy azul, casi morado, con pico corto, recto y flancos negros. Mis compañeros lo identificaron como Heliangelus zusii. Seguía sin creer lo que me estaba pasando. Solo hay un registro de una piel de este colibrí de principios de 1900.
 
Me preparaba a anotar mis registros en el listado de especies vistas para relacionarlas en el blog, cuando de pronto un estrepitoso sonido irrumpió la tranquilidad de aquel lugar.
 
Me desperté. Abrí los ojos y me di cuenta que estaba en mi cama. Todo lo que había visto era producto de mi imaginación. Fue un sueño. Un maravilloso sueño que recordaré toda mi vida. Creo que quedarme dormido leyendo sobre aves pudo provocar esta situación. Aunque esta vez no pude apuntar estas especies en mi listado de lifers, espero poderlo hacer algún día cuando la naturaleza nos diga en dónde los ha tenido protegidos en los últimos años.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Cerro Quininí, aves de clima templado a menos de dos horas de Bogotá

Todo se cuadró de último minuto. Mi amigo Andrés no pudo ir porque se sentía mal de una pierna y se encontraba renco. El cupo estaba completo. Finalmente, iríamos Oswaldo, Pedro, Sergio, Alejandro y yo. La idea era salir de Bogotá a las cinco de la mañana para pajarear hasta después del medio día.
 
Pasados diez minutos de nuestro horario programado, tomamos la autopista sur hacia el suroccidente del departamento para buscar el municipio de Tibacuy y luego a la inspección de Cumaca. De ida llegamos hasta la glorieta que anuncia desvíos hacia Fusagasugá, Girardot y Tibacuy. Giramos a la derecha y transitamos por una carretera en aceptable estado parar llegar al municipio y luego buscar el sendero que conduce al Cerro. El retorno lo hicimos por el vecino municipio de Silvania por una carretera en mucho mejor estado. Recomiendo esta última ruta para ir y regresar al sitio desde Bogotá.
 
Después de dos horas de camino y algunos trancones en la carretera, estábamos un poco cansados y decidimos estirar las piernas. Elegimos el restaurante de doña Gladys, en Cumaca, para tomarnos un tinto y las acompañamos con unas deliciosas arepas de maíz blanco recién hechas (de aquellas que son imposibles no repetir).
 
Arrancamos nuestro camino pajareando por la ruta para subir al cerro. Al inicio es una carretera veredal con algunos bosques, cafetales y otros cultivos alrededor. En este sector vimos Azulejo común (Thraupis episcopus), Viuvá de antifaz (Pipraeidea melanonota), Cascabelito (Forpus conspicillatus) y el Arañero cabecirrufo (Basileuterus rufifrons), entre otros.
 
Basileuterus rufifrons
Basileuterus rufifrons
Continuando nuestro recorrido, se nos acercó un habitante de la zona a preguntarnos sobre el interés de nuestra visita a la vereda. Le contamos lo mismo de siempre y nos dijo lo frustrado que se sentía al ver como los cientos de turistas que visitan el cerro mensualmente, dejan basuras y abusan de la naturaleza presente. Al parecer la comunidad tiene ganas de asociarse para cuidar el sitio y regular un poco más la presencia y estadía en el cerro.
 
Entre excursiones de familias que subían y excursiones de colegio que bajaban, seguimos nuestra pajareada entre bosques un poco más densos y árboles más altos. De repente, en uno de estos árboles inmensos, vimos una tangara azul brillante con un antifaz negro revoloteando entre hojas verdes y ramas secas. Luego de una rápida confirmación en la guía, llegamos a la conclusión que se trataba del endémico Dacnis turquesa (Dacnis hartlaubi). Más adelante en un árbol de frutos morados y muy pequeños, tuvimos la alegría de volver a verlo mucho más cerca y con su hembra color café y amarillosa de intensos ojos color rojo.


Dacnis hartlaubi
Dacnis hartlaubi
Durante el camino de regreso hacia la entrada del sendero, vimos varias especies migratorias que pasaban su invierno en nuestros bosques de ladera. Discusiones alrededor de la especie de Contopus que veían mis compañeros más avezados, fueron la constante durante el camino de bajada. Yo mientras tanto disfrutaba de las Reinitas y Pirangas que adornaban el camino.


Era medio día y a pesar de que no habíamos almorzado, aún teníamos ganas de seguir pajareando en este clima templado y benevolente para las aves. Decidimos subir un poco más hasta llegar al bosque de neblina que circunda la punta del cerro. No pudimos. El estado de la carretera impidió nuestro ascenso pero no que siguiéramos pajareando. Dejamos el carro a un costado de la carretera y empezamos nuestro segundo recorrido.


Paisaje 3
Neblina alrededor de la punta del Cerro Quininí
La carretera estaba rodeada de bosques más conservados que los del camino tradicional y con menos pastizales e intervención humana. Seguidamente, vimos especies maravillosas a lo largo de este recorrido corto pero fructífero. Tangaras, colibríes, tiránidos, reinitas y más tangaras fueron las vedettes del espectáculo. Para resaltar dos especies muy bonitas: Hemithraupis guira y Lophotriccus pileatus.
 
Fue un día bastante largo y agotador pero lleno de alegría, aprendizaje y naturaleza. Con cuatro nuevas especies vistas, fue una jornada muy bonita que siempre recordaré y que me animará a regresar cada vez que tenga la oportunidad.
 
P.D.: el regreso es inminente pues no pude ver el hermoso Eubucco bourcierii que tantas ganas tenía de volver a disfrutar al inicio de este viaje.

 
Listado de aves registradas durante la pajareada (84 en total). Gracias a Sergio Chaparro por su colaboración en la actualización de la lista.
Bubulcus ibis
Coragyps atratus
Elanus leucurus
Rupornis magnirostris
Buteo platypterus
Columbina talpacoti
Zenaida auriculata
Forpus conspicillatus
Brotogeris jugularis
Piaya cayana
Crotophaga ani
Phaetohornis guy
Anthracothorax nigricollis
Chlorostilbon gibsoni
Amazilia cyanifrons
Amazilia tzacatl
Chalybura buffonii
Ocreatus underwoodii
Chaetocercus heliodor
Eubucco bourcierii (registro auditivo)
Melanerpes rubricapillus
Synallaxis brachyura
Synallaxis albescens
Xenops rutilans
Cranioleuca curtata
Lepidocolaptes souleyetii
Thamnophilus multistriatus (registro auditivo)
Myrmeciza longipes (registro auditivo)
Elaenia flavogaster
Phyllomyias griseiceps
Zimmerius chrysops
Phaeomyias murina
Tolmomyias sulphurescens
Lophotriccus pileatus
Todirostrum cinereum
Myiophobus flavicans
Sayornis nigricans
Contopus cooperi
Contopus sp.
Contopus virens (registro auditivo)
Myiozetetes cayanensis
Pitangus sulphuratus
Tyrannus melancholicus
Vireo leucophrys
Hylophilus flavipes (registro auditivo)
Hylophilus semibrunneus
Pygochelidon cyanoleuca
Troglodytes aedon
Henicorhina leucophrys (registro auditivo)
Campylorhynchus zonatus
Catharus ustulatus
Turdus ignobilis
Mimus gilvus
Ramphocelus dimidiatus
Thraupis episcopus
Thraupis palmarum
Pipraeidea melanonota
Tangara gyrola
Tangara vitriolina
Tangara cyanicollis
Tangara heinei
Dacnis hartlaubi
Hemithraupis guira
Piranga rubra
Coereba flaveola
Tiaris olivaceus
Zonotrichia capensis
Sicalis flaveola
Sporophila nigricollis
Sporophila minuta
Volatinia jacarina
Saltator striatipectus
Vermivora peregrina
Leiothlypis peregrina
Dendroica fusca
Oporornis philadelphia
Setophaga ruticilla
Parula pitiayumi
Mniotilta varia
Basileuterus rufifrons
Molothrus bonariensis
Astragalinus psaltria
Euphonia concinna
Euphonia laniirostris

lunes, 5 de noviembre de 2012

Albán

Debido a mi trabajo siempre escuché hablar mucho de Albán. Gracias a que su nombre empieza por la letra A, es muy común que encabece los listados de sitios que toca atender y tener en cuenta en los proyectos que se emprenden al interior de la empresa en la que laboro.
 
Albán es un municipio cerca de Bogotá ubicado a las afueras de la ciudad camino al occidente. Es un sitio particular porque allí empieza el descenso a tierras más cálidas para finalmente llegar al valle del río magdalena (no si antes subir algunos altos más).
 
Desde que escuché que la ABO (Asociación Bogotana de Ornitología) había trabajado en el municipio e identificado sus aves, tuve las ganas de ir a conocer y recordar que ya había pasado por esas tierras en otros quehaceres, pero sin duda que apenas lograría captar su belleza cuando fuera de visita a ver pájaros y admirar sus paisajes.
 
Y así fue, salimos desde muy temprano el sábado para ver las aves de este pueblo andino en compañía de Sergio. Hubo otros invitados a la pajareada pero por razones de último minuto no pudieron asistir.
 
El viaje no pudo arrancar mejor. Aún en la carretera, luego del alto de la tribuna, vimos a lo lejos un majestuoso nevado. El cielo estaba despejado y pudimos ver un pico blanco que dedujimos se encontraba en la cordillera central. Nieve, ¡sí!, ¡nieve en nuestras tierras! Que regalo enorme de la naturaleza. Especulamos con Sergio y concluimos se trataría del Nevado del Tolima. Más tarde nos daríamos cuenta que en realidad se trataba del Nevado del Ruíz.
 
Nevado 2
Nevado del Ruíz visto desde la carretera Bogotá - Albán
 
No teníamos muy bien la dirección de cómo llegar al sitio. Sergio ya había ido pero no se acordaba muy bien del ingreso. Nos apoyamos en mapas y cartillas de la ABO para tratar de averiguar la forma de llegar, sin embargo, no parecería fuese a ser exitoso ya que la información era escasa y difusa. Afortunadamente al llegar al sitio mi compañero se acordó del acceso y no tuvimos problemas en llegar.
 
Tomando la carretera que conduce a Albán, a unos 44 kilómetros del límite impuesto por el río Bogotá, se encuentra la entrada a una vereda llamada María Alta perteneciente al municipio de Albán. Un par de kilómetros más adelante por el carreteable de la vereda, se encuentra la entrada al sendero que llaman “Peñas del Aserradero”.
  
Entrada al sendero
Entrada al sendero "Peñas del aserradero"

La pajareada arrancó un poco floja. No vimos muchas aves al inicio del camino. A medida que avanzábamos nos dimos cuenta que el sendero estaba en muy buenas condiciones. Es un camino hecho en piedra caliza y cemento de un poco más de un kilómetro con algunos sectores sin completar pero de fácil andar.

Empezamos a ver aves de un momento a otro: Azulejo montañero (Thraupis cyanocephala), Tangara azul y negra (Tangara vassorii), Montero ojiblanco (Chlorospingus flavopectus), Abanico cariblanco (Myioborus ornatus), Clarinero escarlata (Anisognathus igniventris) entre otras más. La alegría me invadió y supe que el día sería maravilloso y que cada vez se iba a poner mejor.
 
Chlorospingus flavopectus 2
Chlorospingus flavopectus

Al llegar aun sitio en lo alto vimos una pequeña planicie con muchos árboles jóvenes. Sin duda se trataba del proceso de restauración que estaba adelantando la CAR en la zona. Eran árboles nativos que ya son refugio para aves pero que en el futuro lo serán para muchísimas más. La misma naturaleza nos estaba avisando que debíamos volver ya que en varios años sería muchísimo más espectacular su disfrute.

Cerca de este alto vimos la estructura de observación de aves de la ABO. Lamentablemente, nos dimos cuenta que el cartel que daba indicaciones adicionales estaba caído. Era evidente que había sido arrancado de sus bases y dejado a un lado para que la corrosión acabara con él. Una escena muy triste. Es el único sitio de los que he visitado en que hemos visto esta situación.

Seguimos pajareando y la cosa fue mejorando. Escuchamos una bandada que se acercaba pero no sabíamos la dirección destino porque los árboles eran muy grandes. Decidimos parar en un sitio claro con la esperanza de que los pájaros llegaran a este punto y pudiéramos verlos. Se trataba de un árbol enorme con todas las condiciones dadas para apreciar la belleza de las aves que, ojalá, se posarán allí. Tuvimos suerte y la bandada mixta pasó por ese árbol en su trasegar. Vimos tangaras, picaflores, abanicos y colibríes. Lo más sorprendente fue ver, justo en frente de nosotros, el hermoso Aglaiocercus kingi (Silfo coliverde) macho. Es un colibrí con la cola larga de color azul púrpura y verde, el pico corto y la frente de un verde bastante brillante.
 
Aglaiocercus kingi
Aglaiocercus kingi
 
Luego de unos minutos más de caminata llegamos al mirador que finaliza el recorrido del sendero. Es un bonito mirador en donde se pueden apreciar algunas veredas de Albán, el municipio de Villeta y el Nevado del Ruíz (a esa hora ya no era apreciable). Estando en el sitio más alto del recorrido escuchamos el llamado de una rapaz. Miramos rápidamente y allí estaba volando encima de las montañas y de nosotros. Era de color negro con una franja blanca en la cola. Estaba tan alta que no pudimos verla mejor. Solo pudimos tomarle una foto que no adiciona más información pero confirma la que teníamos. Sergio logró grabar el llamado para identificarla en los próximos días.

Durante el recorrido de vuelta decidimos salirnos del camino principal y tomamos un camino por el bosque. Era un camino con una pendiente pronunciada y tierra suelta. Entramos persiguiendo el sonido de un ave que no lográbamos identificar. La memoria sonora le falló a mi compañero pero de tanto perseguirlo vimos que se trataba de un Atrapamoscas (Myiodynastes chrysocephalus).  Este desvío nos llevó nuevamente a la zona en reforestación, no sin antes ver al Cuco Ardilla (Piaya cayana), al Inca Buchidorado (Coeligena bonapartei) y escuchar muy cerca de nosotros al Tororoi Comprapan (Grallaria ruficapilla). Fue una lástima no poder ver a este último ya que lo tuvimos a pocos metros de nosotros (los pajareros saben lo difícil que es ver a esta especie).

Como la mañana nos había rendido bastante ya que apenas eran las diez y media, decidimos recorrer la vereda para conocerla. Tomamos el carro y anduvimos algunos kilómetros más en dirección desconocida. A medida que avanzábamos, nos dimos cuenta que al margen derecho de esta carretera estaba la reserva de la CAR en que habíamos estado. La reserva es grande y colinda con otros bosques menos densos y algunos potreros de cría de ganado. En nuestro avance cruzamos un par de quebradas muy bonitas que surten de agua a las fincas falda abajo.
 
Están tan bien preservados los márgenes de esta carretera que decidimos bajarnos y pajarear un rato por ésta. Es una carretera bastante tranquila. En las casi dos horas que estuvimos por allí, solo pasaron dos automóviles, una moto y un grupo de campesinos arreando su ganado.
 
Recomiendo esta carretera para pajarear. Puede ser un sitio complementario al sendero tradicional que todos visitamos. Durante nuestro recorrido vimos muchas aves en una gran bandada: Aglaiocercus kingi, Vireo leucophrys, Anisognathus igniventris, Patagioenas fasciata, Dendroica fusca, Pyrrhomyias cinnamomeus, Wilsonia canadensis, Adelomyia melanogenys entre otros.
 
Myioborus ornatus 2
Myioborus ornatus

Nos despedimos de Albán con una gran sonrisa porque todo salió de maravilla. Vale la pena volver en muy poco tiempo y en varios años cuando la naturaleza haya hecho su trabajo y el bosque recién sembrado esté más crecido y sirva de albergue a muchas aves. Sin duda alguna ahora puedo decir que conozco a Albán un poco más y no solo en listados enormes de sitios en donde toca trabajar.
 
 
Listado de aves registradas durante la pajareada (54 en total)
Bubulcus ibis
Coragyps atratus
Patagioenas fasciata
Piaya cayana
Glaucidium jardinii (registro auditivo)
Colibri thalassinus
Heliangelus exortis
Adelomyia melanogenys
Aglaiocercus kingi
Metallura tyrianthina
Coeligena torquata
Coeligena bonapartei
Ocreatus underwoodii
Aulacorhynchus prasinus
Picoides fumigatus (registro auditivo)
Synallaxis subpudica (registro auditivo)
Synallaxis azarae (registro auditivo)
Cranioleuca curtata
Grallaria ruficapilla (registro auditivo)
Scytalopus latrans (registro auditivo)
Elaenia frantzii
Mecocerculus leucophrys
Pyrrhomyias cinnamomeus
Zimmerius chrysops
Myiotheretes striaticollis
Mionectes striaticollis
Myiodynastes chrysocephalus (registro auditivo)
Hemispingus frontalis
Tyrannus melancholicus
Vireo leucophrys
Orochelidon murina
Troglodytes aedon
Henicorhina leucophrys (registro auditivo)
Turdus fuscater
Thraupis cyanocephala
Anisognathus igniventris
Tangara vassorii
Tangara nigroviridis
Conirostrum rufum
Diglossa albilatera
Diglossa caerulescens
Diglossa cyanea
Chlorospingus flavopectus
Zonotrichia capensis
Atlapetes albofrenatus
Atlapetes pallidinucha
Piranga rubra
Dendroica fusca
Wilsonia canadensis
Myioborus miniatus
Myioborus ornatos
Basileuterus nigrocristatus
Icterus chrysater
Sturnella magna (registro auditivo)